¿Vuelve el maíz? ¿Se puede repetir el escenario de siembra récord del año pasado?
Con la urea a 1.000 u$s/t, la soja ganaba el mundial y se imponía en la gruesa 2026/27. Pero si bien el escenario es de cautela ante los altos costos de siembra, el maíz vuelve a mostrar en las encuestas la preferencia que le tiene el productor.
Probabilidad de lluvias a partir del viernes
Desde la mañana del viernes 5 hasta el martes 9 hay probabilidad de chaparrones y tormentas con mejoras temporarias.
Cambio de comportamiento atmosférico, vuelve el agua: “un sistema frontal que avanzará desde el sudoeste de la región pampeana hacia el centro de la zona núcleo finalmente se transformará en precipitaciones”, dice el consultor Elorriaga.
La baja de la urea le dio aire al maíz y el cultivo vuelve a agrandarse en la región núcleo
Con la urea a 1.000u$s/t, la soja ganaba el mundial y se imponía en la gruesa 2026/27. Pero el escenario cambió, el fertilizante se está negociando ahora entre 810 y 850u$s/t. Actualmente, la relación urea/maíz se ubica en torno a 4,3 (toneladas de maíz para adquirir una tonelada de urea), mostrando una tendencia descendente respecto de las últimas semanas. Sin embargo, continúa bastante por encima de los niveles de hace un año, cuando rondaba las 3,1 toneladas.
"El maíz salió del rincón"
Así resumen la situación los técnicos de Aldao. En la encuesta de esta semana también aparece repetida la palabra cautela, para referirse a que se sigue con lupa los costos y en especial el valor de la urea. En esto tiene mucho que ver que el ciclo 2025/26 quedó marcado por una rentabilidad por tonelada que volvió a achicarse y que se salva solo por el volumen, “por los kilos”, como dicen en el sector.
Lo otro que aparece es que, tras la baja de la urea, en gran parte de la región la intención es repetir el área sembrada con maíz el año pasado. Es importante recordar que la campaña 2025/26 sorprendió a todos con el número de hectáreas sembradas con maíz detectadas a través de teledetección: había mucho más maíz que lo esperado. Este trabajo realizado por el equipo de GEA/BCR determinó una siembra de 2,3 M de ha que marcó un nuevo hito para el cultivo en la región y cambió significativamente el guarismo nacional.
¿Por qué el productor sigue prefiriendo el maíz?
Año tras año el maíz se va a afirmando en la preferencia de los productores a pesar que se trata de un cultivo que exige "mucha espalda" por la elevada inversión inicial que demanda. Pero Messi ya no juega más para la soja, desde hace años el mejor jugador lo tiene el maíz por su capacidad de ganar por goleada, su capacidad multiplicadora. "Más allá del precio que tenga ahora, una vez que se supera el rinde de indiferencia, cada escalón que sube en productividad se siente mucho en el ingreso", explican los técnicos. “Altísimo potencial y con un factor multiplicador de la inversión mayor que el de la soja, que cómo venimos hablando de hace años, sigue con rendimientos que no muestran un cambio significativo”, agregan en General Pinto.
Aparte, en el banco de suplentes están los ganaderos alentando después de un gran año. La demanda ganadera aparece como otro de los principales respaldos del negocio maicero. Los técnicos destacan que el consumo interno para silo, grano húmedo y grano seco continúa siendo un pilar fundamental que sostiene la competitividad del cultivo. A esto se suman pronósticos climáticos favorables, “un Niño firme” y perfiles de suelo que arrancan el invierno ya cargados.
Entonces, ¿el maíz puede alcanzar una siembra similar a los 2,3 M ha del récord del año pasado? El elevado costo de la fertilización y la necesidad de una fuerte inversión inicial siguen manteniendo un clima de cautela en las compras de insumos maiceros. Pero aun así hay intenciones de sembrar un número de hectáreas maiceras similar al año pasado en la región núcleo.
Con el 45% implantado, la siembra de trigo depende de los pronósticos de precipitaciones
El avance de siembra de trigo ya supera en 9 p.p. el promedio de los últimos cinco años para esta fecha. Se va rápido, pero la continuidad de las labores ahora depende de las lluvias pronosticadas para los próximos días. El mayor progreso se registra en el centro-sur de Santa Fe, donde ya se implantó el 70% del área prevista. En María Susana señalan que serán necesarias nuevas precipitaciones para poder completar la siembra. En Aldao, en tanto, estiman que, si las precipitaciones esperadas no resultan excesivas, la implantación continuará con variedades de ciclo intermedio hasta el 25 de junio. En el sur santafesino, el avance llega al 55%. En Bigand también advierten que la concreción de la superficie restante dependerá de las lluvias previstas para el fin de semana. El sudeste de Córdoba presenta un avance del 60%. Desde Corral de Bustos destacan: “la campaña arrancó muy tímida, pero fue tomando impulso”. Más retrasada se encuentra la siembra en el norte bonaerense. El noroeste registra un avance del 20%, mientras que el noreste alcanza el 15%. En San Pedro, “la siembra de trigo muestra un ritmo incipiente y sin demasiado entusiasmo, en parte por la necesidad de los productores de recomponer la situación financiera que dejó la campaña gruesa. Los rindes en soja y maíz han sido malos a regulares. La zona está comprometida para asumir nuevos compromisos productivos”, explican.
Tras un mayo seco, ¿llegarán las lluvias que necesita el trigo para completar la siembra?
Mayo termina claramente deficitario en lluvias. Suele llover de 25 a 50 mm, de oeste a este, y mayo 2025 termina con un promedio de 15 mm teniendo en cuenta las 36 estaciones de la red GEA/BCR. Este comportamiento ha sido oportuno para el sector que venía de un abril con lluvias excesivas que comprometían la cosecha.
Los próximos 4 días estarán marcados por la inestabilidad. Estos milímetros serían clave por dos motivos, por un lado para reactivar las labores de siembra en las zonas donde la humedad superficial comienza a resultar insuficiente. Por el otro, marcarían el inicio de un período con mayor actividad pluvial durante la primera quincena de junio. De esta manera se espera volver a un nivel de lluvias más normales dentro de lo que cabe esperar de los volúmenes estacionales.