¿Hay razones para temer un semestre frío con lluvias en exceso en Argentina?
¿Habrá un “Niño” de alta intensidad que impacte en el invierno? ¿Puede tratarse de un evento de un nivel extremo? Tras un 2025 en el cual los excesos e inundaciones fueron protagonistas en el otoño y el invierno, se analiza qué posibilidades hay de que se repita el patrón pluvial del 2025. “Esperamos un escenario normal de lluvias para el semestre frío”, adelanta el consultor Elorriaga.
Por Cristián Russo
Los grandes montos de lluvias de las últimas semanas de marzo y sobre todo por los acumulados que terminó consolidando el mes de abril dejaron al sector con miedo. El centro oeste de Buenos Aires y el norte del país fueron las áreas más afectadas con registros que llegaron a acumular algo más de 300 mm en abril.
También está muy presente el recuerdo del semestre frío del 2025 cuando se produjeron lluvias muy por encima de lo normal y hubo enormes problemas de inundaciones en la provincia de Buenos Aires.
Si a eso se le suman los rumores de un “Niño” desmedido y sin precedentes para las últimas tres décadas, el temor parece ser más que justificado. Sin embargo, si se revisan los datos que existen hasta el momento y se los compara con las series estadísticas, los rumores y las expectativas catastróficas para el semestre frío del 2026 no tienen fundamentos concretos.
No obstante, para esta aseveración hay que revisar variables claves, como el reciente el cambio de circulación tras las grandes lluvias de abril, el comportamiento proyectado del Atlántico —que fue “el gran protagonista” de las fuertes lluvias que se dieron a lo largo del 2025—, el comportamiento del Pacífico Ecuatorial, la proyección de un “Niño” y lo que realmente se sabe actualmente acerca de su intensidad.
Para esto charlamos con Alfredo Elorriaga, consultor de GEA/BCR. Se concluye que hay buenas noticias para el sector del agro con una “proyección de lluvias normales para el semestre frío”. También agrega: “Niño sí, súper Niño, por ahora, no”, por lo que sostiene que hay buenas perspectivas de lluvias a partir de la primavera para la definición del trigo y el ciclo de la siembra gruesa de Argentina.
—Alfredo, sé que no estás de acuerdo con que ya se estén refiriendo a las proyecciones del próximo “Niño” como “súper Niño”, “Meganiño” o “Niño Godzilla”.
—Las proyecciones con los últimos datos de la NOAA muestran que hay decididamente una tendencia hacia un “Niño”. Si bien hablamos de probabilidades es difícil que pueda haber un cambio tan significativo como para pasar a un escenario de “Niña” o neutralidad. Sin embargo, al día de hoy, no se puede tener certeza acerca de la intensidad que tendrá.
—¿Qué tendría que pasar para que se confirme un “Niño” de alta intensidad?
—Para hablar de un “Niño” fuerte o muy fuerte hay que observar valores por encima de 2,5 °C de anomalía durante 2 o 3 periodos seguidos. Por eso es tan importante seguir la evolución y ver los valores de julio y agosto. Los últimos datos de los modelos que seguimos muestran una proyección de anomalía de la superficie del océano Pacífico de 2,3 °C para diciembre 2026. En la evolución que graficamos mostrando las proyecciones de los últimos cuatro meses, se observa que hay una pendiente más abrupta formada por mayores valores proyectados al 20 de abril. Aun así, estos valores todavía pueden cambiar, por lo que no es correcto asegurar que ya se está ante un “Niño” de intensidad muy fuerte.
—En cuanto a comentarios de que éste podría ser un Niño extremo, algo que se sale de lo común y podría tocar valores fuera de escala, ¿podría darse algo así?
—A mí no gusta responderte con especulaciones, sino con datos y registros. Si miras el siguiente gráfico, salta a la vista que hubo 4 eventos similares, incluso con mayores valores, en los últimos 44 años. De hecho en enero del 2016 el valor observado fue de 2,6 °C.
—Estaba mirando cómo fueron las campañas recientes en las que se dieron esos valores. En la 2023/24 -y, de hecho, a pesar de estar con un “Niño” de intensidad moderada-, a partir del 17 de enero del 2024 hubo casi un mes de falta de agua que dio vuelta el escenario en un momento muy sensible para la soja de 1ra. Fue un año en el que faltó agua en la profundidad de los suelos después de 3 “Niñas” seguidas. Entonces, ¿podemos ilusionarnos de que ante un escenario “Niño” moderado o fuerte tengamos más posibilidades de escapar en el verano a la presencia de un centro de alta presión que bloqueé las lluvias?
—En ese ciclo 2023/24 se expresó que el “Niño” es una condición necesaria, pero no suficiente para que Argentina reciba más agua. El efecto de ese bloqueo fue mucho mayor aún en los cultivos porque no contaban con reservas subterráneas en ese entonces. En este momento, en vista al ciclo 2026/27, partimos de una recuperación en las reservas de agua en suelo, régimen pluviométrico que hemos seguido semana a semana durante el 2025. Con los recientes aportes de marzo y sobre todo de abril, podemos asegurar que Argentina arranca el otoño con recargas de napas y de los perfiles. Pero aún con un “Niño” moderado o fuerte, eso no le da a Argentina un salvoconducto que lo libere de esos fenómenos de bloqueo, como justamente pasó en ese año. Vos diste el ejemplo. El clima es un sistema complejo; están los fenómenos de gran escala y, luego, los de pequeña escala, como los sistemas de alta y baja presión que determinan las circulaciones y que no son pronosticables a largo plazo. Sin embargo, esos fenómenos son justamente los que terminan definiendo si la humedad se transforma en lluvias efectivas y oportunas para los cultivos de la gruesa en fechas determinantes, que están entre mediados de diciembre y febrero en Argentina.
—¿Cómo estás viendo el riesgo de que Argentina pueda tener problemas de excesos hídricos e inundaciones con estas proyecciones de “Niño”?
—Por ahora, la gente tiene que hacerse la idea de que va a haber un “Niño” y punto. Un “Niño” que, como siempre, va a estar actuando en Argentina a partir de octubre y noviembre hasta marzo 2027. Te repito, no hay datos certeros al día de hoy como para hablar de un calentamiento extremo del Pacífico, o sea un Niño de muy alta intensidad.
—Para el caso del trigo, ¿qué escenario de lluvias se puede esperar en este otoño/invierno? El año pasado nos diste un escenario que se cumplió a rajatabla, así que estamos pendientes de lo que nos digas.
—El escenario funcionó muy bien justamente porque se consideró la importancia del océano Atlántico. Su influencia acompañó gran parte del año 2025. En mayo, resaltábamos que todos los modelos coincidían en mostrar un comportamiento de sostenido calentamiento. Para el 2026 la situación es muy distinta. Si bien en este momento se observa un calentamiento, que, de hecho, sumó humedad en abril, a mediano plazo algunos modelos observan un enfriamiento muy significativo para las costas de Sudamérica entre julio y setiembre. Lo que hoy se observa es que el Atlántico no va a estar sumando humedad adicional, como sí pasó en el anterior invierno en el que tuvimos un agosto en el que llovió, por ejemplo, diez veces más que lo normal en la región central. Por esto y por otras cuestiones que estamos siguiendo, esperamos un semestre frío con lluvias normales.
—Esto es un alivio para el sector, pero he leído algo que confunde mucho, por lo que te lo vuelvo a preguntar: ¿el “Niño” comienza en junio?
—Ya hablamos de esto, pero está bueno aclararlo. Hay una confusión entre el calentamiento oceánico y el “Niño”, que es cuando la atmósfera ya está acoplada al sistema oceánico. Ahí es realmente cuando el evento empieza a tener efectos sobre la pluviometría en Argentina. En los gráficos, la anomalía de la temperatura superficial empieza efectivamente a superar el umbral en el mes de junio y a considerarse como comienzo de la fase oceánica. Sin embargo, los vientos alisios, que son los que transportan la humedad adicional desde el Pacífico Ecuatorial hasta el sur de América en su primera etapa, comienzan a actuar justamente en los meses de la campaña gruesa. Por eso insistimos en que la influencia del Pacífico influye mayormente en el período que va de octubre/noviembre a marzo en Argentina.
—Entonces, con lluvias normales para los próximos seis meses y un pronóstico de “Niño”, pero sin el “súper” antecediendo a la palabra Niño, al menos por ahora, entiendo que no ves una situación de excesos hídricos, a pesar de la gran cantidad de agua que tuvimos en abril.
—Sí, ese es el mensaje que me gustaría que llegue al productor. Es alentador, pero es lo que podemos concluir según los datos que efectivamente manejamos y con los pronósticos que hoy observamos acerca del comportamiento esperable de los dos océanos. Y si le sumamos a eso que estamos viendo un cambio de circulación que finalmente está dejando atrás está poco frecuente transición verano/otoño en la que en tres semanas se produjeron tres eventos consecutivos de ciclogénesis, podemos hablar de un escenario que se va normalizando. Esto da tranquilidad en un momento clave de la cosecha Argentina. Y es alentador porque la campaña fina va a comenzar con buenas reservas en los perfiles y napas recargadas y con condiciones de tiempo muy acorde a las estacionales. O sea con las mejores condiciones.
Resumiendo, y para que el productor le quede muy claro, podemos concluir que:
- Para el invierno, un condicionante de peso es el comportamiento del océano Atlántico y algunos modelos observan un enfriamiento muy significativo para las costas de Sudamérica entre julio y setiembre.
- Esto significa que el Atlántico no estaría sumando humedad adicional como sí pasó en el anterior invierno.
- Por lo tanto, se esperara un escenario de lluvias normales para la primera parte de la campaña triguera y buenas condiciones de siembra durante la primavera para el inicio de la campaña gruesa.
- En el océano Pacífico se proyecta un escenario de “Niño” desde octubre/noviembre a marzo del 2027.
- Hoy no es posible saber si la intensidad que tendrá el “Niño” superará lo previsto (moderado/fuerte). Hay que esperar al menos uno o dos meses para definirlo.