Internacional

Las Relaciones Económicas de China con Latinoamérica

Víctor López Villafañe - 01 de Diciembre de 2018
Este vinculo, de carácter económico y comercial, vive un momento histórico, que seguramente va a fortalecer otro tipo de relaciones políticas y culturales.

Las relaciones de Latinoamérica con China viven un momento histórico, un horizonte promisorio de estrechamiento de vínculos principalmente de carácter económico y comercial que seguramente van a fortalecer otro tipo de relaciones políticas y culturales. Cuando Estados Unidos emprendió el descongelamiento de sus relaciones con China, a principios de la década de 1970, se reinició un acercamiento de los países latinoamericanos con el país asiático. Antes, solo Chile y Cuba mantenían relaciones diplomáticas con la China comunista. Desde entonces, las relaciones han pasado por varias etapas hasta llegar al periodo actual de fortalecimiento comercial, además de que se vislumbra un futuro de mayor cooperación y entrelazamiento económico.

En esta nueva época de relaciones económicas, conviene saber qué ha impulsado tanto a China como a Latinoamérica a este acercamiento. Hay varias explicaciones según el país de que se hable, ya que la región es hoy un conjunto muy heterogéneo. Además, es importante no perder de vista que por estos días se producen cambios significativos en la redistribución del poder mundial, y que tanto China como Latinoamérica son ahora participantes esenciales. Para China, está claro que el desarrollo de su economía hace de América Latina una región estratégica por sus vastos recursos naturales y sus mercados de consumo desde las reformas económicas que se iniciaron en 1978, pero especialmente, debido a su gran industrialización y a la necesidad de expandir sus mercados en un sentido amplio, como vendedor de manufacturas y como comprador de materias primas. Los mercados de Latinoamérica cumplen con estas dos funciones de los objetivos estratégicos comerciales de China.

Además hay otros motivos estratégicos. Para el profesor Jiang Shixue, estudioso de las relaciones de China con Latinoamérica, en el país asiático se piensa que Estados Unidos aprovecha su influencia económica para ejercer presión política sobre China, lo que explica que quiera diversificar sus relaciones económicas. Por otro lado, China abandonó su retórica antiestadounidense para concentrarse en la defensa de sus intereses económicos. En este sentido, Latinoamérica, con una población de más de 625 millones de habitantes y una economía de más de 5.6 billones de dólares, según datos de 2016, es un mercado atractivo para los productos chinos. Al mismo tiempo, China enfrenta una situación difícil de abastecimiento de recursos naturales, debido a su enorme población y al rápido crecimiento económico.

Así, los factores que vinculan a China con Latinoamérica se resumen en los siguientes planes: 1) comprar materias primas en la región, 2) realizar inversiones para la producción de recursos naturales y de infraestructura, 3) exportar manufacturas, 4) propiciar la estabilidad regional, 5) fomentar la multipolaridad para reducir el poder de Estados Unidos, y 6) eliminar a Taiwán como rival. Al igual que en el fortalecimiento de las relaciones con Japón, la crisis económica mundial de 2008 y 2009 ha llevado a China a buscar nuevos socios. Latinoamérica es una región importante para la diversificación económica de China. Desde el punto de vista político, la ofensiva de Estados Unidos contra el terrorismo a partir del 11-S, que ha implicado el estrechamiento militar estadounidense en la periferia china, puede ser otro factor de la estrategia de diversificación de China.

La relación económica de China con Latinoamérica varía en cada país. Por ejemplo, México es uno de los mercados crecientes para los productos chinos, pero también es un competidor en el mercado de Estados Unidos. Muchos países de Sudamérica se han convertido en grandes proveedores de materias primas y energía para la industrialización de China. Brasil exporta a China dos tercios de su producción total de soya y mineral de hierro y 10% del petróleo; Argentina exporta el 80% de su producción total de soya y Chile el 80% de sus productos de cobre.

En la relación económica de China con Latinoamérica destaca la aceleración de los últimos años, así como la escala de la inversión. En 2008, el comercio total sumaba 143 000 millones de dólares; para 2017, era de más de 250 000 millones. En estos años, el comercio ha crecido a una tasa cercana al 15% anual, y de conservarse este ritmo, en los próximos 10 años los mercados de Latinoamérica serán de enorme importancia para el comercio mundial de China. La penetración comercial de China ha sido decisiva para reforzar las economías de muchos países del sur del continente frente a la crisis económica mundial, al tiempo que Brasil y Chile se han convertido en socios principales y han desplazado a Estados Unidos. China es el segundo mercado para las exportaciones de Argentina, Costa Rica, Cuba y Perú.

La estrategia china de tener un flujo estable y seguro de petróleo y materias primas ha sido crucial para el aumento de sus inversiones en la región. En 2010, China invirtió en Latinoamérica 30 000 millones dólares, casi el total acumulado hasta 2009. En 2017, las cifras llegaron a 230 000 millones de dólares. El caso de Argentina resulta paradigmático, pues los inversionistas chinos están ya en las veintitrés provincias de su territorio, con intereses que abarcan lo mismo productos agrícolas como soya, maíz o cebada, que la ganadería y la producción minera. Igualmente importantes han sido sus inversiones en petróleo, que sumaron 9000 millones de dólares en 2010, y sus intentos de arrendar o comprar tierras y cultivar directamente alimentos. Argentina pasó de ser el vigesimonoveno destino de las inversiones chinas al tercer lugar. El ejemplo argentino refleja la situación de complementariedad entre la necesidad de China de adquirir recursos naturales y alimentos y los recursos naturales de los países latinoamericanos.

Las inversiones chinas en el sector energético de Latinoamérica merecen un estudio especial. Por ejemplo, en mayo de 2010 Brasil y China suscribieron un crédito de 10 años por medio del cual Petrobras suministrará petróleo a China a cambio de un préstamo de 10 000 millones de dólares del Banco de Desarrollo de China. Con Venezuela, un mes antes se firmó un acuerdo similar por un valor de 20 000 millones de dólares, para suministrar 200 000 barriles de petróleo diarios a China. Los inversionistas chinos han realizado operaciones semejantes en Ecuador y en el propio Brasil, en la forma de compra de activos de empresas petroleras españolas establecidas allí. Al proyectar las adquisiciones de petróleo de China, que es ya el segundo comprador mundial, se prevé que en 2030 deberá importar 13.1 millones de barriles.

Esta nueva realidad, tanto del comercio creciente de materias primas, como de la inversión directa de China en Latinoamérica en energía, minerales e infraestructura, ha estimulado un debate sobre el papel económico de la región y la nueva subordinación a la economía china. China, por su parte, se está convirtiendo en un proveedor directo de manufacturas y competidor de los países industrializados del continente en los mercados mundiales. De este modo, podría afirmarse que el comercio y las inversiones de China en Latinoamérica siguen el conocido patrón neocolonial. El peligro en el largo plazo es que el énfasis en la producción de materias primas marque en el continente una nueva tendencia a favorecer las inversiones en estos sectores, por la gran demanda y los precios altos, en desmedro de una ruta de industrialización como la que han seguido los países asiáticos.

La rápida evolución de las relaciones económicas entre China y Latinoamérica ha traído otro debate importante, que tiene que ver con el desafío que significará para la hegemonía de Estados Unidos en el continente. Este debate debe situarse en el contexto del abandono político y la ausencia de un proyecto de desarrollo para la región por parte de Estados Unidos, así como al fracaso del Área de Libre Comercio de las Américas, al que se opusieron principalmente los países del Mercado Común del Sur. China es una potencia emergente con características especiales. En primer lugar, se interesa en América Latina por razones económicas y estratégicas, tal como lo hace en otras partes del mundo en aras de su estabilidad interna, del crecimiento económico como fuente primaria de su legitimidad, y también, de su sustentabilidad futura (energía, materias primas, mercados crecientes) con independencia de Estados Unidos.

Entre tanto, las estrategias de los países latinoamericanos respecto de China son muy diferentes. En el norte del continente, México sufre la competencia de los productos chinos en el mercado de Estados Unidos, y en los últimos años han aumentado las ventas de éstos en el propio mercado mexicano, a tal grado que su déficit comercial es cada vez mayor. México ve a China como competidor y poderoso rival en el mercado de Estados Unidos, y es visto por China más bien como un mercado de consumo y como plataforma para exportar al mercado de Estados Unidos, al igual que antes lo hicieron las empresas japonesas y coreanas.

Brasil, en el otro extremo del territorio, ve a China como competidor y aliado. Le vende recursos naturales, y sus proyectos sobre petróleo y nuevas energías resultan de enorme interés para China. Ambos países colaboran en el desarrollo de aviones comerciales y satélites en China. Además Brasil, a diferencia de México, ha llevado a cabo una política de diversificación de sus intereses a escala mundial, lo que lo coloca como potencia emergente con capacidad para dialogar con China en una posición de fuerza.

Otros países de Latinoamérica, que antes veían a China solo como mercado meta, deberán ajustar sus estrategias de cooperación. Es el caso de Argentina, con sus enormes recursos naturales, y Chile, que es un proveedor creciente y sostenido del mercado chino y goza de una relación estable y muy institucional con el gobierno de ese país. Finalmente, otros países, como Cuba y Venezuela, inscriben a China en su estrategia de contención y confrontación con Estados Unidos. Las relaciones comerciales han crecido en ambos casos, y es grande el interés chino por el petróleo venezolano.

Es interesante resaltar que el gobierno chino ha declarado que las relaciones económicas tienen la primacía sobre los objetivos políticos, para evitar una confrontación directa con Estados Unidos. A la pregunta sobre si China quiere remplazar la hegemonía de Estados Unidos en Latinoamérica, se debe responder que no, o quizá no todavía. América Latina es importante para China por su capacidad para suministrar recursos estratégicos y, en consecuencia, para cumplir los objetivos chinos de crecimiento y estabilidad política. China no pretende desafiar a Estados Unidos en Latinoamérica, sino extender su estrategia para asegurarse —como lo hace en África y en Asia— mercados, bienes y productos esenciales para continuar su crecimiento. Por eso, convive con el liderazgo de Estados Unidos y, a lo más, busca un equilibrio de fuerzas, para lo cual colabora en las instituciones multilaterales, establece alianzas estratégicas en el mundo y trata de encontrar resonancia internacional para su poder emergente.

 

CHINA Y LATINOAMÉRICA EN LA PRESIDENCIA DE XI JINPING

El presidente Xi Jinping, que asumió la presidencia en 2012 y que la ocupará indefinidamente por obra de las reformas constitucionales de principios de 2018, ha continuado fortaleciendo las relaciones con América Latina y el Caribe. El comercio entre China y Latinoamérica, luego de tener un gran crecimiento hasta 2014, en el que se alcanzó un registro histórico de 263 000 millones de dólares, se contrajo en los 2 años siguientes y ha retomado su paso en 2017, con un crecimiento importante que se acerca a las mejores cifras del pasado. Las relaciones comerciales con China siguieron ocupando el primer lugar en Brasil, Chile y Perú, y el segundo lugar en Argentina, México y Venezuela. China ha desplazado a la Unión Europea como el segundo socio comercial de la región y el pronóstico es que para 2025 supere a Estados Unidos. Además, se han diversificado las compras chinas de materias primas y energía de Latinoamérica, con la llegada de empresas constructoras chinas y amplios proyectos de infraestructura en toda la región. El mismo presidente Xi, en la reunión del Foro de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (celac) y China, en Beijing en 2015, anunció que se invertirían 250 000 millones de dólares en los 10 años siguientes en el desarrollo de América Latina y el Caribe.

Xi ha visitado la región prácticamente desde que asumió la presidencia. En 2013, 2014 y 2016 recorrió algunos países latinoamericanos y dejó planteada la estrategia de aumentar la cooperación con la región. En 2014, en su visita a Brasil, propuso el esquema 1+3+6, consistente en “un plan, tres motores y seis campos”; es decir, un plan de cooperación entre China y América Latina y el Caribe, sostenido en los motores del comercio, las inversiones y las finanzas, y con seis campos de acción: energía, infraestructura, agricultura, manufactura, innovación y tecnologías de la información. La intención es llegar a un comercio de 500 000 millones de dólares en los próximos 10 años. Además, en esa ocasión se oficializó el establecimiento de un foro de cooperación entre China y la celac, cuya primera reunión se celebró precisamente en Beijing en 2015.

Durante este periodo, el gobierno de China produjo los llamados “libros blancos” sobre América Latina y el Caribe. El primero data de 2008, cuando Hu Jintao era Presidente de China, y el segundo de 2016 siendo ya presidente Xi. En esos documentos se subraya el papel estratégico del continente para las aspiraciones de China de ser una gran potencia mundial para mediados del siglo xxi. La situación de Latinoamérica como proveedora de materias primas, energía y alimentos, así como su importancia como destino para las inversiones de China, la han vuelto dependiente de esta nueva potencia asiática.

Entre el cúmulo de actividades de las empresas chinas en el continente en los últimos años, destacan las siguientes. En Venezuela, continuaron las inversiones chinas en el sector petrolero, con más de 2000 millones en 2016. Con este país también se invirtió en una fábrica de satélites de telecomunicaciones. En el sector de electricidad, la Corporación Estatal de la Red Eléctrica de China adquirió el control accionario de la empresa brasileña cpfl Energía. Con Argentina, en 2014 se estableció un acuerdo de cooperación en infraestructura para la construcción de dos grandes presas hidroeléctricas y el tendido de vías férreas, así como ayuda para la construcción de plantas nucleares y otros proyectos importantes. En México, se anunció a fines de 2014 un gran proyecto de participación china en la construcción de un ferrocarril de alta velocidad, pero fue cancelado. Enseguida, en 2017, llegaron las primeras inversiones para producir autos y competir con las grandes armadoras estadounidenses y asiáticas que ya operan en México, mediante una alianza entre la empresa china JAC Motors y Carlos Slim. En 2014 el presidente Xi visitó Cuba, saludó a Fidel Castro y firmó veintinueve acuerdos de cooperación entre los dos países. Para Cuba, el comercio con China constituye ahora el segundo en importancia y se prevé que crezca en los siguientes años. Bolivia pasó a una nueva etapa de financiamiento chino en 2015, con una inversión de 7500 millones de dólares para proyectos de energía e infraestructura,que se suman a los capitales chinos que ya estaban en ese país.

La presencia China se extiende por toda Latinoamérica, independientemente de los cambios políticos en la región. En esta nueva etapa, se ha diversificado en satélites, plantas nucleares, carreteras y ferrocarriles, que se suman a las tradicionales materias primas, energía y alimentos. Este esquema le sirve a sus propias condiciones de sobreproducción en diversas industrias (como en la construcción) y a la necesidad de tener mercados para las mercancías chinas, pues el comercio exterior es una fracción importante del pib. De este modo, las relaciones de China con Latinoamérica mudan de acuerdo con las necesidades y las transformaciones industriales y financieras chinas, lo que ha generado un nuevo ciclo de dependencia latinoamericana, como sucedió con otras potencias en el pasado.

 

VÍCTOR LÓPEZ VILLAFAÑE  

Es profesor de la Universidad Autónoma de Zacatecas. Realizó estudios sobre China en la Universidad de Tsukuba entre 1977 y 1979. En 2017, el gobierno de Japón le confirió la Orden del Sol Naciente en grado de Rayos de Oro con Collar de Listón por sus contribuciones al estudio de la región Asia-Pacífico. Este artículo es una versión actualizada del texto sobre Latinoamérica publicado en La modernidad de China. Fin del socialismo y desafíos de la sociedad de mercado, México, Siglo xxi, 2012.

 

La relación económica de China con Latinoamérica varía en cada país.

China no pretende desafiar a Estados Unidos en Latinoamérica, sino extender su estrategia para asegurarse mercados, bienes y productos esenciales para continuar su crecimiento.