Revista Institucional - Junio 2020

Internacional

Breve historia del Brexit

Pedro Isern - 17 de Junio de 2020
¿Cómo fue el proceso politico que llevó a la salida del Reino Unido de la Unión Europea?

 

¿Cuándo comenzó realmente el Brexit?

Hay distintos hitos que es necesario remarcar: primero, una parte relevante de la sociedad británica pertenece a una larga tradición de aquello que se denomina “euroescepticismo”. Esta concepción duda de la integración creciente con el continente como estrategia. Es decir, los “euroescépticos” no buscan el conflicto con Europa per se sino, en cambio, dudan de los beneficios de una integración profunda.

La referencia cercana más pertinente de esta corriente es Margaret Thatcher, primera ministro conservadora del Reino Unido entre abril de 1979 y octubre de 1990. Lady Thatcher, referente y líder del Partido Conservador desde 1974 hasta su llegada al poder en la década del 70´, miraba con desconfianza el ingreso del Reino a la entonces “Comunidad Económica Europea” pero, aún así, apoyó la opción del SI en el plebiscito de 1975.  Esto es (solo) en parte paradójico: los impulsores del actual proceso de salida de la Unión Europea tienen a Thatcher como una principal referencia pero, como mencionamos, en el anterior plebiscito ella, como primera mujer líder del partido, había apoyado al entonces primer ministro laborista Harold Wilson en su aspiración de mantenerse como miembro de la Comunidad Económica.

Esto es solo una aparente paradoja porque en ese apoyo Thatcher percibió la permanencia como un mal menor en medio de una Europa con problemas de crecimiento y con el antecedente de la segunda guerra relativamente cercano. Incluso en su apoyo es posible ver que la percepción de la entonces popular Margaret Thatcher descansaba en una fuerte desconfianza de la capacidad de Bruselas para administrar eficientemente cuestiones que siempre habían sido locales o nacionales. 

 

La segunda referencia es el largo período del Partido Conservador fuera del poder, representada primero en la relevancia del premier laborista Anthony “Tony” Blair (1997-2007), seguido por el breve paso del premier Gordon Brown (2007-2010). Este proceso político de 13 años fuera del “10 de Downing Street” fue traumático para los conservadores no solo cuantitativa sino, principalmente, cualitativamente. Los laboristas habían vivido una etapa de aprendizaje durante su largo exilio del poder (entre 1979 y 1997) y llevaron a cabo un proceso de moderación dejando atrás los tiempos radicales de Wilson y Callaghan que llegaban hasta el último gran derrotado en 1994, Neil Kinnock. Tony Blair posicionó al partido lejos de la izquierda radical e implementó una serie de políticas centristas que, para el tema de este artículo, tuvieron dos consecuencias principales importantes: consolidaron a los laboristas como una alternativa confiable para un amplio espectro sociopolítico y, más importante aún, generaron una inexplicable reacción en los conservadores quienes, en vez de disputarle el centro político a los nuevos y moderados laboristas de Blair, enfrentaron este desafío estratégico diferenciándose de su rival y se corrieron a la derecha y, en algunos casos, a la extrema derecha. Esta dinámica política explica la ausencia del poder por un prolongado lapso (1997-2010) y la consolidación de un ala radical dentro de los Tories que, en una lógica de “pensamiento de grupo” (Groupthink) que se potencia a sí mismo, consolidó la cruzada por la búsqueda de cambios de fondo cuando llegado el momento, hipotéticamente, regresaran al poder. Este punto es importante repetirlo: para diferenciarse, en los finales de la década del 90´ los conservadores se radicalizaron cuando los laboristas se moderaron en lugar de buscar disputarle el centro político, decisión estratégica inexplicable en tanto tenían las credenciales suficientes después de haber sacado al Reino Unido de la estanflación de los 70´s. Este notable error estratégico contribuyó tanto a la permanencia de los laboristas en el poder entre 1997 y 2010 como al pensamiento y acción radical de los conservadores cuando finalmente regresaron al poder en el 2010.

 

Aquí, justamente, se encuentra el tercer hito: la manera en que los conservadores regresaron al poder en 2010. Esto sucedió bajo el liderazgo de David Cameron, un moderado dentro de un partido que, como mencionamos, había profundizado un camino a la derechización. Para llegar al poder David Cameron tuvo que negociar un gobierno de coalición con los liberales demócratas, cediendo para ello el cargo de vice-premier al líder de ese partido, Nick Clegg. Este gobierno de coalición no solo fue sorpresivo por las profundas crítica que ambos líderes se habían propinado a lo largo de la campaña electoral sino, fundamentalmente, por la propia tensión e inquietud que generó en el ala dura de los conservadores la presencia de Clegg y los liberales demócratas. Los liberales demócratas han sido en la política contemporánea inglesa un clásico ejemplo de un partido de centro-izquierda, con apoyo urbano y semi-urbano, compuesto de líderes y militantes educados que, en su enorme mayoría, no solo han apoyado la integración europea sino que veían y ven en Europa un espacio civilizatorio inédito.

 

¿Qué tiene que ver esta secuencia con el Brexit? Mucho ¿Por qué? Porque el ala dura o radical (es decir, una parte crecientemente importante de los conservadores) impulsaron desde el inicio del siglo XXI un plebiscito para preguntarle a los británicos si querían permanecer en la Unión Europea (UE) y esta aspiración se profundizó después del colapso financiero del 2008 y la crisis del euro, con su reconocida repercusión en distintos países, singularmente en Grecia. La crisis del Euro y la solución parcial que representaba la libra (dado que Gran Bretaña nunca formó parte de la zona Euro) fortalecieron la vieja percepción del ala radical de los conservadores, que siempre fueron críticos de las virtudes de una total integración y que ahora confirmaban esa creencia al ver colapsar economías que no podían acercarse al nivel de productividad de la economía alemana. Para ellos, la “Comunidad Económica Europea” (1957-1993)  fue una mala idea, la posterior creación de la “Unión Europea” (1993 en adelante) fue una muy mala idea y la integración monetaria, con la creación de la zona Euro (moneda que entró en vigencia el 1 de enero de 1999 y que rige en 19 países de la Unión), fue una pésima idea. Cuando la crisis posterior al colapso del 2008 les confirmó que tenían razón, actuaron racionalmente en consecuencia. Es posible estar en contra de las premisas de su pensamiento pero no parece posible estar en contra de la lógica que sigue ese pensamiento una vez se aceptan, al menos temporariamente, esas premisas. 

 

Así, la creciente presión del ala euroescéptica de los conservadores generaba una tensión con Cameron y con los mencionados socios en la coalición de gobierno, los liberales demócratas. Sucede entonces en 2015 un hecho inesperado. Cameron pudo jugar por un tiempo la “carta liberal demócrata”. Es decir, Cameron pudo por un tiempo remarcarle a los radicales de su propio partido la imposibilidad de avanzar con un plebiscito porque ello significaría el fin de la coalición y el fin de la coalición significaría la caída del gobierno. Mantenerse en el gobierno era, obviamente, condición necesaria no suficiente para llamar a un plebiscito. 

 

Acontecen elecciones generales el 7 de mayo de 2015 y los laboristas parten como favoritos. Sin embargo, no solo Cameron gana las elecciones sino que lo hace con mayoría absoluta. Es decir, ya no necesitará de los liberales demócratas para formar gobierno. Esto es un hito clave en la historia del Brexit: Cameron, un moderado, ya no puede argumentarle a los duros de su partido que es imposible llamar a un plebiscito porque sus socios de la coalición se opondrían y ello generaría la caída del gobierno. Dado que los conservadores (popularmente conocidos también como “Tories”) son ahora mayoría, es una decisión única del partido (y de su líder) cumplir con la promesa. 

 

Cameron se encuentra en una encrucijada y se ve obligado a establecer cuál es el camino al plebiscito y a decidir qué posición tomar. Viaja a Bruselas y comienza una negociación con la Unión Europea. Logra beneficios para Gran Bretaña no previstos para ninguno de los restantes 27 miembros de la Unión. Este acuerdo se oficializó en febrero de 2016 y, paso seguido, Cameron anuncia un plebiscito para el 23 de junio de ese año. David Cameron remarca que después de las concesiones obtenidas en Bruselas él votará por la permanencia de Gran Bretaña en la Unión Europea. Reconoce que su gabinete (formado únicamente por conservadores) se encuentra dividido sobre la cuestión y que los distintos ministros tienen la libertad de apoyar la permanencia o apoyar la salida (exit). Por su parte, el partido laborista, el principal partido de la oposición,  apoya la permanencia pero su líder, el polémico y divisivo Jeremy Corbyn, hace campaña a mitad de camino. Así, mientras el ala dura de los conservadores impulsa la salida y los moderados apoyan la permanencia, se consolida un actor populista como el UKIP, partido de extrema derecha liderado por el carismático Nigel Farage, quien lleva a cabo una campaña dura contra la permanencia en la UE basada en la inmigración como problema.

 

Las encuestas muestran una sociedad dividida pero ningún miembro de las elites cree seriamente que esa división llevará a tomar la decisión de abandonar un acuerdo inédito en la historia de la humanidad. Ese acuerdo, primero político con el tratado de Roma en 1957, luego económico y por último social y cultural ha reflejado en parte un estadio superior en la vida en comunidad. 

 

La opción de salida triunfó por 51,9 a 48,1%. David Cameron sale obviamente debilitado porque no solo recibe una derrota electoral sino que es una derrota que significa un cambio estructural en la relación del país con su principal socio comercial. Cameron renuncia el 24 de junio de 2016 y el partido conservador (que, como mencionamos, había alcanzado la mayoría absoluta en las elecciones de 2015) debe elegir un sucesor. A quién elegir? En principio, parece intuitivo que debiera elegirse a un MP (Member of Parliament) que haya apoyado el Brexit. Surge entonces el nombre de Boris Johnson, el popular y exótico ex alcade de Londres. Sin embargo, es elegida Theresa May, una MP que había apoyado la permanencia. May asume con el mandato de instrumentar la salida y establece el 29 de marzo del año siguiente (2017) como la fecha para gatillar el ya mítico artículo 50 del Tratado de Lisboa, que sostiene que May gana en popularidad en el lapso que va desde mediados de 2016 a marzo de 2017. Eso la lleva a cometer uno (otro) error fatídico: adelantar el llamado a elecciones generales para mayo de 2017. Por qué hace esto Theresa May si, como mencionamos, los conservadores ya tenían por si solos una mayoría absoluta alcanzada por Cameron en mayo de 2015? May buscaba repetir esa mayoría pero capitalizándola para sí, es decir, presentándose como la responsable política de ese triunfo. Tomó esa decisión porque en febrero, marzo y abril de 2017 las encuestas mostraban no solo un apoyo a los conservadores sino una crisis dentro del laborismo, producto del radicalismo que exhibía Jeremy Corbyn. Sin embargo, en estos tiempos volátiles de twitter y facebook, una parte relevante del electorado británico modificó su parecer en un breve lapso de tiempo y en las elecciones generales de mayo de 2017 los conservadores perdieron la mayoría absoluta aunque alcanzaron la primera minoría. Es decir, necesitaban buscar un socio o socios para formar gobierno. Los liberales demócratas no podían ni querían ser nuevamente parte de ese acuerdo y Theresa May, ya naturalmente debilitada, debió articular una problemática alianza con un partido de Irlanda del Norte. 

 

Por cierto, uno de los puntos difíciles para alcanzar un acuerdo entre Londres y Bruselas es el statu de Irlanda del Norte. Irlanda es una isla cuya parte norte pertenece al Reino Unido y cuya parte sur es la República de Irlanda (Eire), que obtuvo su independencia el 29 de diciembre de 1937. Como sabemos, la histórica disputa (que devino violenta con la aparición del Irish Republican Army (IRA)) se basaba en la aspiración de los católicos del norte de pertenecer a una Irlanda unida. Cuando tanto la República como el Reino Unido pasaron a ser parte de la Unión Europea, la hipersensible frontera que dividía a los dos espacios dejó de ser un lugar de confrontación para pasar a ser un lugar de encuentro. Dado que la República de Irlanda permanecerá en la UE e Irlanda del Norte (el Ulster) saldrá junto con el resto del Reino, el statu de la frontera es uno de los puntos más delicados de la negociación. Todos pretenden evitar el regreso de la “frontera dura” pero todavía no queda del todo claro cómo ello se hará. 

 

Es en ese contexto que se lleva a cabo la parte principal de la negociación de salida con Bruselas. Es, por cierto, en ese contexto donde todo parece que acabará implosionando para Gran Bretaña. La burocracia de la UE ve con beneplácito la profunda crisis política e institucional que atraviesa May y su coalición y acepta el corrimiento de los plazos. Como mencionamos, dado que el artículo 50 había sido gatillado el 29 de marzo de 2017, eso suponía que la salida debía completarse para el 29 de marzo de 2019. Pero eso no sucedió y los plazos se extendieron. 

 

A lo largo del 2018 y 2019 Theresa May y su secretario para el Brexit, Howard Davis, intentaron pasar por el Parlamento (la House of Commons) sucesivos acuerdos alcanzados con Bruselas. Sin embargo, la mayoría del cuerpo (con el voto decisivo de miembros del propio partido conservador) los consideró insuficientes y los rechazaron. La debilidad de May era evidente y sus días en Downing Street estaban contados. May renuncia y Boris Johnson es nombrado primer ministro el.24 de julio de 2019. Desde el minuto 0 tiene como tarea principal definir la fecha de salida e implementar un proceso claro y contundente. Invierte todo su capital político en la tarea y eso lleva a una tensa relación con el parlamento que no le acepta sucesivos acuerdos que Johnson articula con la Comisión Europea.

 

Las elecciones generales se llevan a cabo el 12 de diciembre de 2019. El proceso electoral es inédito en tanto es pensado por unos y otros como un plebiscito tácito. Para muchos, principalmente en la cosmopolita Londres y en la combativa Escocia, una derrota de los Tories redundaría en la posibilidad de repetir el plebiscito por el Brexit. Para Johnson y los conservadores, el lema es simple y contundente: “Get Brexit Done” (es decir, “concretemos el Brexit”). Johnson decidió plebiscitar su gestión y esta idea y recibió un contundente apoyo del electorado, quien le dio una clara mayoría. Desde el 12 de diciembre a la noche ya nadie dudaba en Gran Bretaña y en la Unión Europea que no habría vuelta atrás y que la isla sería el primer país en la historia en ejercer su derecho a la salida de la Unión. Johnson sale fortalecido y los laboristas quedan atrapados en una lucha entre facciones internas con el liderazgo de Corbyn herido de muerte pero con la incapacidad de definir un viable liderazgo alternativo.

 

El pasado 31 de enero Gran Bretaña dejó de ser parte de la Unión Europea. Qué significa ello realmente? Simbólicamente, que la bandera ya no flamea en Estrasburgo ni en ningún edificio oficial de la Unión. Significa que Gran Bretaña ha recuperado su capacidad de comenzar negociaciones comerciales autónomamente. Significa que comienza otra inédita y fascinante experiencia social, política y cultural en la compleja y sofisticada Europa.

Una breve cronología del Brexit

. El 23 de junio de 2016 el SI (la opción de salida) triunfa por el 51.9% contra el 48.1%

. El mismo día el primer ministro, David Cameron, anuncia su renuncia que se haría efectiva en octubre de ese año.

 . El 29 de junio de 2016 se reúnen informalmente los 27 jefes de gobierno de la UE

. El 8 de septiembre de 2016 Donald Tusk viaja a Londres para dialogar con Theresa May sobre la necesidad de iniciar las negociaciones para la salida.

. El 2 de octubre de 2016 el REino Unido anuncia que activará el artículo 50 en marzo de 2017.

. El 15 de diciembre de 2016 “los 27” anuncian estar listos para iniciar las negociaciones apenas el Reino Unido active el artículo 50. Para ello establecen los parámetros del proceso.

. El 21 de marzo de 2017 el presidente del Consejo Donald Tusk convoca al Consejo Europeo sobre el Brexit para el 29 de abril de 2017.

. El 29 de marzo de 2017 la primer ministro Theresa May firma la carta solicitando la salida de la Unión Europea, invocando el artículo 50 del Tratado de Lisboa. El proceso debería concluir, formalmente, dos años después, es decir, el 30 de marzo de 2019.

. El 8 de junio de 2017 se llevan a cabo las elecciones generales adelantadas (por decisión de Theresa May) y los conservadores pierden inesperadamente la mayoría en la Cámara de los Comunes. El 12 de junio de 2017 Theresa May llega a un acuerdo para gobernar con los Unionistas de Irlanda del Norte (Democratic Unionist Party), quienes aportan los 10 escaños claves que faltaban para alcanzar la mayoría.

. El 19 de junio de 2017 se inician formalmente las negociaciones entre el Reino Unido y la UE.

, El 20 de julio de 2017 se realiza la segunda ronda de negociaciones entre David Davis, ministro del Reino Unido para la salida de la UE (literalmente, ministro del Brexit) y Michel Barnier, negociador principal de la UE.

. El 31 de agosto de 2017 se lleva a cabo la tercera ronda de negociaciones.

. El 26 de septiembre de 2017 se reúnen en Londres Donald Tusk y Theresa May. Tusk remarca que aún no se han producido avances suficientes.

. El 28 de septiembre de 2017 se lleva a cabo la cuarta ronda de las negociaciones. 

. El 12 de octubre de 2017 se realiza la quinta ronda de negociaciones. Nuevamente, no hay avances significativos. 

. El 10 de noviembre de 2017 se lleva a cabo la sexta ronda de negociaciones. Hay avances técnicos pero insuficientes avances conceptuales.

. El 1 de diciembre de 2017 Donald Tusk se reune en Dublin con el primer ministro de Irlanda. Para Tusk el futuro del Reino Unido se encuentra en la resolución de  la “cuestión irlandesa”. 

. El 8 de diciembre de 2017 Donald Tusk sostiene que se han dado avances suficientes para pasar a una segunda fase en las negociaciones para la salida. 

. El 9 de febrero de 2018 se lleva a cabo la séptima ronda de negociaciones. Es la primera de la segunda fase y se tratan 3 cuestiones: el periodo transitorio, posibles soluciones para evitar una frontera rígida en Irlanda y la gobernanza del acuerdo de retirada.

. El 28 de febrero de 2018 la Comisión Europea publica el proyecto de acuerdo de retirada.

. El 3 de marzo de 2018 Theresa May, ya muy debilitada, remarca que no habrá un segundo plebiscito.

. El 9 de junio de 2018 Bruselas rechaza la propuesta del Reino Unido para evitar una frontera dura o rígida en Irlanda. 

. El 22 de agosto de 2018 el gobierno británico menciona la posibilidad de un “Hard Brexit” (un Brexit duro) debido a los pocos avances en las negociaciones con la UE. Comienza a hablarse seriamente en Londres sobre una salida sin acuerdo.

. En septiembre de 2018 una Theresa May debilitada enfrenta crecientes rumores de una conspiración en su contra.

. El 17 de octubre de 2018 May acude a Bruselas para negociar directamente con el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, intentando evitar una ruptura brusca. 

. El 23 de noviembre de 2018 May acude a la Cámara de los Comunes para intentar convencer a los miembros del Parlamento que el pacto de salida que ella ha negociado es el mejor posible dado las circunstancias.

. El 25 de noviembre de 2018 la UE remarca que el acuerdo negociado es el mejor posible y el único posible. 

. El 13 de diciembre de 2018 Theresa May sale airosa de una moción de censura del ala dura de los propios Tories. Sin embargo, su debilidad ya es estructural e incluso algunos que votan por su permanencia en el cargo dejan en claro que no apoyan su plan para la salida.

. El 17 de enero de 2019 May evita ahora la moción de censura impulsada por los laboristas. Jeremy Corbyn también ha llevado a su partido a un laberinto (del que no queda claro todavía si ha salido).

. El 27 de marzo de 2019 May ofrece renunciar antes de lo previsto si el Parlamento le aprueba su plan (ya rechazado en dos ocasiones).

. El 24 de mayo de 2019 Theresa May renuncia a su cargo de primer ministra.

. El 24 de julio de 2019 Boris Johnson es nombrado primer ministro.

. El 28 de agosto de 2019 Boris Johnson cierra sorpresivamente el Parlamento por un lapso mayor al establecido. Con ello busca acotar los tiempos de la oposición (y del oficialismo) ante la posibilidad de un Brexit duro (sin acuerdo). Ello genera una incipiente crisis institucional en la que queda envuelta incluso la Reina ISabel II.

. En septiembre de 2019 Johnson busca generar una disputa entre el pueblo y el Parlamento. Mientras determinados sectores buscan retrasar el Brexit o directamente llamar a un nuevo plesbiscito, Johnson comienza a articular una estrategia que a la postre resultará exitosa: es el pueblo contra las élites y es necesario buscar zanjar esta diferencia llamando a una elección general que estará íntimamente basada en la discusión sobre el Brexit. 

 El 19 de octubre de 2019 el Reino Unido presenta una solicitud de prórroga del Brexit. 

. La Unión Europea y el Reino Unido anuncian el 31 de octubre un acuerdo para una salida pactada

. El 30 de enero de 2020

. El 31 de enero de 2020 el Reino Unido abandona la Unión Europea. Es un día histórico.se inicia un periodo transitorio que durará hasta el 31 de diciembre de 2020